Estas son las

constelaciones

que necesito hacer

Por: Carolina Pérez Botero

Como si fuera un día normal decido hacer una compra importante, una de esas que haces solo por gusto porque significa una suma importante de dinero, pero bueno, a pesar de la situación, quiero usar lo que he estado ahorrando en algo bueno, realmente bueno. Resulta una cita con la persona que me va a enseñar a utilizar lo que compré. Conversamos y conversamos más hasta darnos cuenta de que nos sentimos realmente cómodas hablando, porque mucho de lo que le pasa a ella, me pasa a mi también y de alguna manera nos vamos complementando en la forma como vemos la vida y sobre todo, en el deseo que tenemos de hacer las cosas de otra manera, porque las dos compartimos el mismo miedo: exponernos… resulta que de amores caprichosos están hechos los miedos que compartimos.

Ella decide que quiere tener una consulta conmigo y así empezamos, yo supuestamente a acompañarla en su camino, mientras descubro minuto a minuto, en cada palabra que digo y en la forma en que ella me cuenta su historia, que definitivamente no fue casualidad que nos encontráramos y que estas son las constelaciones que necesito hacer.

Mi mente empieza a llenarse de pensamientos que se disparan como ráfagas, quiero verlos y cogerlos todos, pero es imposible, son muchos y no alcanzo. ¿Qué es lo que pasa que nos pasa lo mismo? ¿Cómo es que siendo tan extrañas mi tarea es acompañarla a resolver lo que yo también estoy tratando de resolver? Y sobre todo, ¿cómo se supone que debo acompañarla a resolver lo que yo aún no he resuelto? Pues si, es así de simple, en esta constelación no habrá más que puro y legítimo estado de centro vacío en donde estaré a su entera disposición y a su servicio, avanzando por un camino que sé que conozco pero que está un poco borroso en estos momentos y que al final, nos llenará.

Ambas compartimos este miedo que se va y viene, que se muestra caprichoso porque quiere aferrarse muy adentro de nuestra mente, que aparece y desaparece, que es tan familiar y con el cual nos sentimos tan cómodas, pero que cada vez más seguido nos está estorbando y queremos ponerlo a un lado. Es en este miedo donde nuestros demonios se esconden y en dónde nos paramos desde un lugar en el que no somos auténticamente nosotras, no nos manifestamos desde nuestra verdadera esencia ni desde nuestro máximo potencial. Yo le decía “es como si el Universo te estuviera gritando: ya lo tienes todo! ya sabes cuál es tu talento, ya estás segura en la vida, ya sabes para qué sirves, tienes el tiempo y la disponibilidad, qué rayos estás esperando?” Y eso me pregunto, ¿qué rayos estoy esperando? Es que el miedo a sentirme vulnerable, a ser leída, juzgada, calificada, criticada, el miedo a que al otro lado de la pantalla, del escenario, del consultorio, del salón, esté aquel demonio que construí siendo muy chiquita y el cual me visita siempre que voy a exponerme, me paraliza y locamente decido seguir en mi mundo interior privado, en donde solo yo tengo voz. Es un mundo muy seguro, pero bastante solitario.

 

Así que mirándola, sintiéndola y conectándome empáticamente con ella, decido que ya fue suficiente, que para estar disponible para el trabajo que vamos a hacer juntas, para ser una profesional en lo que soy, necesito dar ejemplo, necesito ser dueña de mi voz, mucho más de lo que lo estoy siendo ahora. Decido creerle a aquella amiga que hace muchos, muchos años me dijo después de leer una carta que me había escrito a mi misma “Caro! que bien escribes! deberías hacer algo con eso” y decido lanzarme a ese espacio vacío que está disponible para ser llenado con lo que esté ahí para mí, deseando y pidiendo, exigiendo que sea luz y amor…

Y así, empiezo con este papel en blanco la aventura de ser bloguera y de darle al mundo de lo que tengo y de lo que soy, convencida de que alguien, en algún lugar, sentirá gozo y dicha al leer.

 

Carolina Pérez Botero
CONSULTORA EMOCIONAL
www.amorescaprichosos.com
@amorescaprichosos

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