Escribir para

conocernos mejor

Por: Karina Sterling

 

Cuando todo se detiene ,sólo nos queda movilizarnos por dentro, cambiar, transformarnos, mirarnos al espejo.

Llevamos casi seis meses encerrados y nos ha tocado convivir con lo mejor y lo peor de nosotros mismos.

Para muchos ha sido un momento de reflexión y tranquilidad, pero para la inmensa mayoría, de angustia e incertidumbre. Según el psicólogo social estadounidense James Pennebaker escribir trae grandes beneficios terapéuticos, tanto si se trata de la angustia o el estrés cotidiano, como si se usa para superar experiencias traumáticas, como ataques sexuales o el padecimiento de una enfermedad terminal.

Hoy quiero contarles algunos beneficios prácticos que ofrece el escribir, pero no escribir sobre cualquier tema, hablo que escribir nuestra vida en pequeñas dosis diarias, con lo que nos gusta, nos atormenta o lo que soñamos llegar a ser.

Muchos de los grandes personajes de la historia escribieron sus diarios para poner en orden sus ideas, sus pensamientos pero más que nada sus sentimientos. Es el caso de Nelson Mandela, que se refugió en sus escritos para soportar la cárcel que paradójicamente lo llevó a él y a su pueblo a la libertad. En su libro “Conversaciones conmigo mismo” relata que en sus diarios se encargaba de registrar cada vez que le era posible, su peso, su presión arterial, sus reflexiones e incluso sus errores, las acciones que salieron bien, todo, con el propósito de mejorar cada día, este hombre que se revelaba a conformarse con el mundo tal y cómo estaba, aseguraba que un santo es simplemente un hombre que se sigue esforzando.

 

Muchos de los grandes personajes de la historia escribieron sus diarios para poner en orden sus ideas, sus pensamientos pero más que nada sus sentimientos. Es el caso de Nelson Mandela, que se refugió en sus escritos para soportar la cárcel que paradójicamente lo llevó a él y a su pueblo a la libertad. En su libro “Conversaciones conmigo mismo” relata que en sus diarios se encargaba de registrar cada vez que le era posible, su peso, su presión arterial, sus reflexiones e incluso sus errores, las acciones que salieron bien, todo, con el propósito de mejorar cada día, este hombre que se revelaba a conformarse con el mundo tal y cómo estaba, aseguraba que un santo es simplemente un hombre que se sigue esforzando.

Cuando todo se detiene ,sólo nos queda movilizarnos por dentro, cambiar, transformarnos, mirarnos al espejo.

Llevamos casi seis meses encerrados y nos ha tocado convivir con lo mejor y lo peor de nosotros mismos.

Para muchos ha sido un momento de reflexión y tranquilidad, pero para la inmensa mayoría, de angustia e incertidumbre. Según el psicólogo social estadounidense James Pennebaker escribir trae grandes beneficios terapéuticos, tanto si se trata de la angustia o el estrés cotidiano, como si se usa para superar experiencias traumáticas, como ataques sexuales o el padecimiento de una enfermedad terminal.

Hoy quiero contarles algunos beneficios prácticos que ofrece el escribir, pero no escribir sobre cualquier tema, hablo que escribir nuestra vida en pequeñas dosis diarias, con lo que nos gusta, nos atormenta o lo que soñamos llegar a ser.

Muchos de los grandes personajes de la historia escribieron sus diarios para poner en orden sus ideas, sus pensamientos pero más que nada sus sentimientos. Es el caso de Nelson Mandela, que se refugió en sus escritos para soportar la cárcel que paradójicamente lo llevó a él y a su pueblo a la libertad. En su libro “Conversaciones conmigo mismo” relata que en sus diarios se encargaba de registrar cada vez que le era posible, su peso, su presión arterial, sus reflexiones e incluso sus errores, las acciones que salieron bien, todo, con el propósito de mejorar cada día, este hombre que se revelaba a conformarse con el mundo tal y cómo estaba, aseguraba que un santo es simplemente un hombre que se sigue esforzando.

En medio de tanto caos y con el inmenso reto de inventarnos un nuevo mundo, más justo y mejor que el que creíamos ya habíamos inventado, vale la pena tomarnos un tiempo y pensar en escribir nuestra historia.

Parafraseando a Rolbel Walse escritor suizo, se escribe para expresarse, pero también, para intentar reflejarse así mismo, para mirarse en el espejo y poder conocerse y reconocerse.

Michelle Obama en su libro “Mi Historia” habla de esa necesidad de reconocer el valor de nuestra historia, agradecer el papel de quienes nos has acompañado hasta aquí. Saberlo nos ayuda a tener una ruta más clara para el camino y si ese no fuera el efecto, serviría para conocernos mejor.

A continuación algunos ejemplos de diarios que han ayudado a quienes los escribieron y a muchos de los que tuvimos la oportunidad de leerlos.

 

Ana Frank 

Martes 2 de junio de 1942

“Espero confiártelo todo como hasta ahora no he podido hacerlo con nadie; Espero, también, en que tú serás para mí un gran apoyo”

Sábado 20 de junio de 1942

“Los judíos fueron obligados a llevar la estrella amarilla y a ceder sus bicicletas; prohibición para  los judíos de subir al tranvía, de conducir un coche; obligación de hacer sus compras exclusivamente en los establecimientos marcados con el letrero “negocio judío”…. Mi abuela murió en enero de 1942, nadie sabrá, cuanto pienso en ella y cuánto la quiero aún”

Santa Faustina Kawalska

“Oh ustedes, pequeños, insignificantes sacrificios cotidianos, son para mí como las flores del campo con las cuales cubro los pies del amado Jesús. A veces, yo comparo estas pequeñeces con las virtudes heroicas, porque para su incesante continuidad exigen heroísmo” (Diario 208).

Lo valioso de escribir nuestro diario, página a página es que poco a poco se convierte nuestra biografía que bien vale la pena ser escrita, por que la vida de cada uno de nosotros merece ser contada. Para iniciar este interesante viaje da el primer paso, escribe solo una palabra así se inician todos los grandes proyectos.

0