Lo que aprendí acerca del dinero y

después tuve que desaprender·

Por: Carolina Pérez Botero

En mi casa cuando crecí había un dicho “trabajar ese tan maluco que por eso le pagan a uno”. Crecí jurando que era cierto, y por supuesto, hice todo lo posible por confirmar que lo que mis padres decían era verdad. Estudié lo que no quería, trabajé en lo que no quería. Al final de mi vida laboral empresarial tuve la fortuna de encontrarme con personas tan maravillosas que compensaron todo lo mal que me sentí durante tanto tiempo sentada en una oficina, trabajando solo para que me pagaran. De ese último trabajo tengo profundos agradecimientos en especial por dos personas que me enseñaron que siempre, por encima de todo, está el sentido humano.

Pero me la pasé en esas. Además tenía la creencia de que tener dinero era inapropiado porque vi cómo tantas veces se juzgaba o se sospechaba acerca de las familias que empezaban a tener más propiedades, lujos, libertad económica. Algo raro estarían haciendo, no era normal, no era tan fácil ganar dinero.

Me creí todo lo que mi mundo y la sociedad de los 90´s decían en Medellín, una ciudad inundada por el narcotráfico en ese momento, en donde sin nosotros quererlo, terminamos siendo vecinos de uno de ellos y en nuestro colegio estudiábamos con los hijos de algunos más. Por todos lados estaban los“indeseables” y como no era el mundo que queríamos para nosotros como familia, repudiábamos todo lo que se parecía a ellos, incluyendo el dinero.

Crecí en una familia en donde como muchos otros dicen “nunca nos faltó nada, pero tampoco sobró”. No me sentí ni pobre ni rica, era lo que era, pero lo que sí sentía siempre era el peso depositado en estos billetes que podían darnos tanto gozo y libertad. Había que trabajar duro, sufrir, pasarla mal para tener derecho a acceder al dinero limpio, honesto. 

Un día mi papá me dijo algo que me hizo sentir tan mirada y admirada por él que jamás quise renunciar a ello, a pesar de que pagué precios muy altos: “Tu eres la persona más honrada que conozco”. Ufff, ¡mi papá me dijo esto!!!, y para mi significó completo orgullo, sensación de aprobación y un compromiso implícito de casi voto de pobreza. Para seguir siendo lo que él decía que yo era, tenía que renunciar a los lujos. Mi papá no sabía que eso era lo que yo estaba oyendo en sus palabras bonitas. 

Me sorprendí muchísimo el día que empecé mi primer proceso formal de ampliación de conciencia – hace 11 años -, mi Coach me pidió que le dijera qué opinaba acerca del dinero y qué significaba para mí ser muy abundante. Me desplomé en acusaciones y juicios ajenos acerca de como ser abundante era igual a ser deshonesto y posiblemente acusada de ser la esposa de un narcotraficante (porque por supuesto, no había cabida a pensar que era yo la que hacía los negocios millonarios, no había permiso en el femenino de ser millonaria, si mucho, la esposa de uno). Comprendí que era momento de desaprender y de serle desleal a los mensajes familiares inculcados por años. Era eso, o seguir trabajando “rompiéndome el lomo”, siendo desdichada.

Aprendí que estaba en mí la posibilidad de cambiar la percepción que tenía frente al dinero y estaban a punto de enseñarme cómo hacerlo. Aprendí que si no estaba dispuesta a renunciar a mis antiguos mandatos limitantes, iba a seguir siendo infeliz. Aprendí que no necesitaba ni suerte ni grandes talentos, tampoco disciplina extrema para vivir en libertad económica y abundancia. Aprendí que el trabajo que debía hacer estaba por otro lado y era uno mucho más fácil. Empecé entonces el camino de sanación con la prosperidad y la abundancia. Ha sido largo, pero siempre he confiado. Desde que entendí que el dinero no es más que una manifestación energética más, pude conectarme con ella y vivir subidas y bajadas en relación con mi posibilidad de libertad. Aprendí que necesitaba sentir el permiso de mis padres y de mi familia para ser un canal a través del cual el dinero se manifiesta, que yo lo pongo a mi servicio y al servicio de mi bienestar, del gozo, de la fluidez con que le gusta estar y que puedo manifestarme auténticamente, siendo lo que soy, haciendo lo que me gusta, para que el dinero llegue a mi fácilmente.

Han habido momentos de grandes retos en los que como familia hemos tenido que probar de qué estamos hechos, pero cada día entendemos más y más que la abundancia siempre es humilde y siempre es agradecida. 

Aprendí a amar el dinero sin capricho y que ese amor es de los que se devuelve con fuerza.

Carolina Pérez Botero
CONSULTORA EMOCIONAL
www.amorescaprichosos.com
@amorescaprichosos

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